Del agujero en las ruinas surgió el sonido del estruendo de piedra contra piedra, un crujido, y luego unas manos salieron de las tinieblas y se aferraron a los mellados bordes del muro. Después de las manos aparecieron poco a poco una cabeza de blancos cabellos regados con polvo de ladrillos, una cara muy pálida, la empuñadura de una espada que sobresalía por detrás de los hombros. La multitud comenzó a murmurar.

El peloblanco se irguió y sacó del agujero una extraña forma, un raro cuerpecillo que estaba cubierto de polvo mezclado con sangre. Tirando del ser por una larga cola de salamandra, lo arrojó sin decir una palabra a los pies del gordo alcalde. El alcalde dio un salto atrás, se tropezó con un fragmento de muro, miró el torcido pico de pájaro, las alas membranosas, las garras en forma de hoz, las patas cubiertas de escamas. Vio el pescuezo hinchado, que alguna vez fue de color carmín y ahora de un rojo sucio. Vio los ojos hundidos y vidriosos.

–Aquí está el basilisco –dijo el peloblanco, limpiándose el polvo de los pantalones–. Como acordamos. Mis doscientos lintares, si no os importa. Lintares de los buenos, no muy recortados. Los revisaré, os aviso.

— La espada del destino, Andrzej Sapkowski

La gente común llama al basilisco el rey de los desiertos de Zerrikania y a menudo los confunden con una cockatriz. Muchos afirman que la bestia está tan llena de odio hacia los seres vivos que incluso su aliento es venenoso y su mirada convierte a los descuidados en piedra.

Según el mito, se dice que nacen de un huevo de gallina incubado por una serpiente. El hecho de que los brujos a encuentren a los basiliscos en calabozos y sótanos contradice la leyenda y sugiere que estas criaturas pueden reproducirse bajo cualquier condición como muchos otros monstruos.

En los cuentos de fantasía, la única forma certera de matar a un basilisco es sosteniendo un espejo frente a sus ojos para desviar su mirada mortal. Los brujos responden que es mucho mejor estrellar el espejo en la cabeza de la criatura.

Esto es porque a pesar de la creencia popular, los basiliscos no son capaces de convertir a nadie en piedra con su mirada. Aunque no es de mucho consuelo ese hecho, ya que que sus garras y mordiscos son venenosos.
Basilisk

 

Atributos: Agilidad d6, Astucia d8 (A), Espíritu d6, Fuerza d10, Vigor d8

Paso: 5; Parada: 5; Dureza: 9

Habilidades: Pelear d6, Notar d4, Sigilo d4

Capacidades especiales:

  • Debilidad (armas de plata): Las armas de plata le hacen +2 de daño
  • Lento: Los basiliscos tienen un Paso de 5 y sólo tiran un d4 para correr.
  • Mordisco: Daño FUE+d4
  • Tamaño +3: Dureza +3
  • Veneno: Su mordisco y garras son venenosas
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