—[…]¿Querrías acaso que tu hijo tuviera tales dudas?

—Que las tenga —dijo serio el mercader—. Que las tuviera. Porque justo eso es cosa humana y buena.

—¿El qué?

—Las dudas. Sólo el Mal, don Geralt, nunca las tiene. Y a su destino nunca nadie escapa.

—Geralt de Rivia y Yurga, La espada del destino de Andrzej Sapkowski

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