Seguimos con los relatos rescatados de viejas partidas y campañas, algunos servían de entrada de los documentos de presentación que entregaba a los jugadores, otros eran trasfondos de personajes. En este caso es un relato para una partida ambientada en una estepa helada. El fin del invierno significaba mucho para el pueblo. Significaba el fin del frío que atería los cuerpos, el fin de las largas noches, el fin de permanecer encerrados en las casas. Por fin podrían disfrutar de las extensas llanuras que eran su hogar.

No es que no disfrutasen de las comodidades y ventajas que representaba el pequeño pueblo. Los que en el vivían todo el año en el eran buenas personas, pero no comprendían lo que significaba recorrer las llanuras, disfrutar de su extensión, de sus horizontes sin fin, de su libertad.

Andris era un habitante de las llanuras, y los dos jóvenes que le acompañaban acababan de alcanzar la mayoría de edad, y aunque fuesen de los habitantes de las cabañas, parecían disfrutar de la salvaje naturaleza. Eso le sorprendía, aunque su pueblo nómada pasase los meses de frío invierno en Peña Gris, sabía que sus habitantes disfrutaban permaneciendo cerca de sus cabañas de adobe, tras la empalizada que les protegía de los peligros de las llanuras.

Pero estos dos jóvenes eran diferentes, sentían curiosidad por los inmensos espacios, que cuando el sol calentase, se convertirían en una llanura de altas hierbas, salpicadas por ocasionales bosquecillos de álamos, y en algunos casos, rocas como la de Peña Gris, solitarios espolones en un enorme océano verde.

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