Continuando con el material de la anterior etapa del blog, tenemos en esta ocasión, otro relato de trasfondo. La historia de este personaje la escribí poco después de la anterior, de ahí que comparta una parte del nombre. Estaba pensado para jugarse en una partida de D&D ambientada en Eberron, aunque desgraciadamente, no se pudo concluir.

La verdad es que es un poco difícil comenzar a narrar mi vida, sobre todo porque ni yo misma acierto a discernir donde se separan la ficción de la realidad. Si, digo ficción porque mi vida ha transcurrido viviendo otras historias, otras vidas, personificando otras gentes que me eran desconocidas, pero que eran importantes para mis patrones.

Todo comenzó en las calles de Sharn, la Ciudad de las Torres, donde nací hará unas 23 o 24 años (si, es digno de compadecer el hecho que no me acuerde con exactitud de la fecha). Imagino que mi infancia se puede calificar como normal, e incluso como afortunada, pues nunca me falto un plato de comida, y mis padres pudieron permitirse costear mi educación.

Gracias a la escuela pude practicar las artes de la interpretación, participando en inocentes obras infantiles, y que iban alimentando la llama de artista que ardía en mi interior, desde el día que miraba con cara de alelada una representación teatral en la calle, siendo yo aun una niña pequeña.

Poco a poco fui participando en más y más obras, enfrentándome en cada una a un nuevo reto, de unas breves líneas a todo un papel protagonista. Y aunque solo eran obras de aficionados, para mi tenían mucho mas “glamour” que las que se representaban en los teatros de lo alto de Menthis Plateau. ¡Al fin y al cabo era donde yo aparecía!!

Imagino que fue en una de esas obras cuando mi destino comenzó a tornarse extraño y retorcido. Tras una de las sesiones de una obra que estaba protagonizando (creo que era “Historia de dos reinas”, una aburridísima representación que recreaba una historia popular convertida en leyenda) se me acercó un caballero que afirmó trabajar buscando nuevos talentos para una nueva pieza teatral que deseaba montar en un mes o dos (no era por supuesto para representar en el mejor teatro, ni era un papel principal, pero así supongo que se recluta mejor, ofreciendo cosas reales y no cosas demasiado fantasiosas o increíbles).

Tras una agradable conversación donde Themids (tal era el nombre del caballero) hizo gala de todos sus encantos, yo volví a casa soñando con ese pequeño papel, que suponía mi salto a los circuitos profesionales del teatro, mi puerta a la fama, a los mejores teatros de Sharn y puede que de todo Khorvaire.

Al principio todo se desarrollaba como siguiendo un guión bien escrito, los ensayos interminables, conocer a actores de gran talento, la oposición de mis padres, los amigos que te felicitan. Era todo tal cual soñaba, ¡y eso que solo era un papel secundario en una obra menor!

Y tras este papel vinieron otros, cada vez de mayor peso, hasta el punto de que mi nombre comenzaba a ser conocido entre los aficionados al teatro de Sharn. Pero lo que no sabía es que todo tenía un precio.

Desde el principio pensaba que había sido afortunada, que Themids me había descubierto, y que su amor por el teatro le había llevado a convertirme en su protegida, ayudándome a alcanzar un sueño, puede que un tanto infantil, pero que era puro y sincero.

Fue una noche de tormenta, durante una cena en un pequeño restaurante cerca del teatro, el momento en que mi protector decidió enseñar sus cartas. Tras alabar como de costumbre la actuación de esa noche, Themids siguió con la conversación en solitario, convirtiéndose en un monologo al que únicamente podía responder de forma breve, tal era su convicción al hablar.

Me contó que mucha gente disfruta del teatro, desde el más humilde chatarrero hasta influyentes hombres de negocios, o incluso embajadores o políticos. Después la conversación cambió totalmente de tema, comenzó a divagar sobre la sociedad y el compromiso de la gente, lo que haría una persona para defender su hogar o sus seres queridos durante la gran guerra, o para defender también sus sueños…

Fueron quizás estas palabras las que rompieron el encantamiento que me mantenía sumergida, incapaz de hacer otra cosa que escuchar y asentir , y por un instante, fui capaz de reaccionar, y responder que uno debe de hacer todo lo que debe o este a su alcance para defender a sus seres queridos ¡Qué tonta fui! Justo lo que Themids quería escuchar.

Desde ese punto Themids volvió a coger las riendas de la conversación, para contarme que no siempre hace falta ayudar a defender lo que se ama en un campo de batalla o trabajando en un taller, que hay batallas que no se libran en valles perdidos o en grandes pastos, sino en lujosos salones o discretas alcobas, librando lo que el llamó “el gran juego”.

El era uno de esos patriotas que ponían a disposición de su país su talento para defenderlo de sus enemigos, aunque en este caso fuese recogiendo rumores, escuchando conversaciones o ayudando a que otros pudiesen hacerlo, pues como el decía “toda palabra que oigas hoy, salvara a un soldado mañana” y directamente, mirando fijamente a los ojos, me preguntó ¿y tu? ¿Ayudarás a tu rey tal y como lo hago yo?

Creo que nunca he presenciado un silencio tan profundo como el que descendió sobre nuestra mesa, no se oía ni mi respiración, pues era como si el tiempo se hubiese detenido, ni el aire circulaba para hacerme respirar. Y tras esto solo cabía una respuesta posible, Si. Al fin y al cabo, sería por mi país, por mi gente, por mis sueños….

Hay veces que me pregunto como pude ser tan ingenua; y no me vale la excusa de haber sido por aquel entonces una adolescente. Tenía que haberme dado cuenta de que todo esto debía estar preparado. Mi “descubrimiento” no sería tal, sería en realidad un reclutamiento, ¿Por qué si no se preocuparía alguien en promocionar a una joven actriz si no buscaba algo? ¿Por qué insistiría en que asistiese a toda obra que se representase? ¿Por qué me repetiría una y otra vez en que me fijase en los demás actores?, en como representaban los más diversos papeles, las más extravagantes personas, que se convirtiesen en una sobre el escenario… Hoy echo la mirada hacia atrás y veo que cada uno de esos actos era un paso deliberado en una dirección, un pequeño escalón en mi aprendizaje, pero no para actuar en un teatro en un público, sino ante un grupo reducido de personas en un salón, haciéndome pasar por otra persona.

Desde ese momento, mi vida cambio completamente. Aunque seguía participado ocasionalmente en obras teatrales, estas cada vez se iban distanciando cada vez más en el tiempo, pues “el gran juego” necesitaba de toda mi atención. Al principio, mis misiones fueron sencillas, no eran papeles difíciles de interpretar (nada distinto de lo que había hecho antes, es mas, hasta creo que Themids me hizo participar en alguna misión falsa, para ponerme a prueba), pero poco a poco los papeles eran más complicados, las vidas que debía suplantar eran más complejas y diferentes de todo lo que había experimentado hasta entonces. Cada nueva persona que debía recrear era más compleja y exigía más de mi misma, hasta el punto que no llegaba con representar un papel, ¡debía convertirme en la persona misma!

Themids estaba siempre conmigo, pues siguió con su papel de protector y mentor. Me enseñó a usar todo mi carisma para encantar a la gente, a deslumbrarla, como halagar cuando es necesario, o cuando ser discreta y pasar desapercibida. Incluso cuando descubrí que tenia talento para la magia, me llevó ante un maestro conocido suyo, para que pudiese aprovechar este nuevo talento en mi nueva carrera. Pero no fue el único maestro que me presentó…

“El gran juego” podía ser peligroso, así que debía estar preparada para usar toda arma que tuviese a mano, ya fuera de acero, o fuese uno de mis encantos. Así pues, aprendí a usar armas, que aunque pequeñas (debían ser fáciles de ocultar), eran letales, como bien pude comprobar en más de una ocasión. Hay gente que cuenta como se horrorizaron ante la primera vez que mataron a alguien. Yo no. Al fin y al cabo era un enemigo de mi patria, un espía que buscaba traer la ruina a todo lo que amaba. No sentí horror o pavor, sino que al principio sentí orgullo, no por la muerte en sí, sino por el hecho de haber podido dar semejante paso por mi país. Hoy por hoy sigo sin sentir horror por ese hecho, en su lugar siento un vació, como si una parte de mi se hubiese extinguido al igual que la vida que arranqué.

Como ya dije, no todas las armas que aprendí a emplear eran de acero, también me enseñaron a usar otras más sutiles, como mi encanto personal o mi propio cuerpo, convertido en un arma más. Sabia que la gente me consideraba atractiva, pero era un conocimiento del que no sacaba provecho conscientemente, hasta que tuve que aprender a hacerlo. Themids me presentó a una serie de señoritas que sabían muy bien como hacerlo y vivir de ello ¡al fin y al cabo trabajaban en una empresa de damas de compañía! Como me escandalizó aquello, si, hasta hoy me sorprende que me hubiese avergonzado más ese hecho que el haber matado a alguien… Poco a poco comencé ser consciente de que lo podía conseguir con una simple sonrisa, o usando un vestuario sugerente, de cómo hacer que las lenguas se volviesen más vivarachas, independientemente de que perteneciese a un hombre… que a una mujer.

Con todo lo que aprendí (no solo lo que acabo de mencionar, sino también como abrir una cerradura, como ser sigilosa o como imitar una escritura concreta), fui desarrollando más misiones, imitando más personalidades, viviendo más vidas… Pero con cada nueva vida que asumía, iba perdiendo de cada vez un poco más de la mía propia, era como si cada una de esas identidades que adoptaba fuese devorando lentamente mi propio ser, minando mi propia personalidad, hasta que finalmente, y con la guerra prácticamente finalizada, ni yo misma podía discernir con total claridad quien era realmente.

No es que hubiese enloquecido, de hecho, si tal hubiese sido mi destino, posiblemente no estaría hoy escribiendo este diario. No, lo que me sucedía es que “el gran juego” había suplantado a mi vida anterior, ya no era una joven actriz que trabajaba como espía para su reino, no, ahora solo era una identidad que esperaba el término de su misión para ser sustituida por otra distinta.

El fin de la guerra no solo trajo paz a los reinos, me la trajo también a mí, fue como si de repente se hubiese liberado un gran peso que me retenía, que me arrastraba hasta ese mar de almas en las que me sumergía en cada nueva misión. Pero en gran medida ya era demasiado tarde para mí. Desde ese momento me veía incapaz de seguir trabajando para Themids (al fin y al cabo, había cumplido con mi deber), pero no fui capaz abandonar el juego, de recuperar mi vida anterior, que había sido despedazada, desperdigada a los cuatro vientos, convertida en fragmentos que eran suplantados en muchas ocasiones por los recuerdos de las identidades que había vivido.

Durante una temporada solo fui capaz de llorar en una habitación solitaria, y cuando no tenía más lagrimas que derramar, recordaba, no, interpretaba de nuevo en esa pequeña habitación. Sinceramente no se como no enloquecí, puede que fuese realmente porque aún quedaba algo en mi interior, alguna chispa de mi antiguo yo. Así que finalmente salí de la habitación y me enfrenté al mundo.

Al principio trabajé haciendo tareas domesticas, o en posadas y tabernas, pero a medida que me iba afianzando, que iba reconstruyendo una vida que me fuera propia, dejaba de buscar esos trabajos que tan ajenos me fueron en el pasado. Así que decidí aprovechar mi talento innato por la magia, y venderlo a aventureros, en ocasiones únicamente creando pequeños amuletos portadores de sencillos encantamientos, pero poco a poco me fui implicando más y más en sus aventuras, llegando el caso a acompañarles en alguna de ellas.

Hoy por hoy, esta es mi vida, de la anterior no me queda nada, excepto un par de recuerdos. Y cuando digo nada, también me refiero a las personas, pues mi familia me cree muerta o desaparecida en la guerra; y en cuanto a Themids, imagino que sabrá lo que hago actualmente, pero también sabrá que soy incapaz de volver a trabajar con el, de ser su “golondrina” que buscaba rumores en alcobas y salones.

En cuanto al teatro es distinto, no se si seria capaz de enfrentarme a el, a tomar un papel distinto al que día a día vivo, pero no lo odio, es como ser una polilla que flota alrededor de una llama, una llama que la destruiría al instante…

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