La siguiente historia está ambientada en el  universo de Heavy Gear, y la escribí como introducción a una partida.

TN 1936, 25 de verano, afueras de Basal

“Aquí Charlie Tango – Dos-cinco-tres – Bravo-Dos en tránsito a base de apoyo Bravo Sierra –dos-cinco, solicitando vector de aproximación”

“Centro de control Bravo Sierra –dos-cinco, vector denegado”

“Repita Bravo Sierra –dos-cinco, repita”

“Aquí Centro de Control de vuelo de Bravo Sierra –dos-cinco, denegada la solicitud de aterrizaje, repito, DENEGADA SOLICITUD DE ATERRIZAJE”

Al escuchar estas últimas palabras, y al mirar la cara de asombro del piloto, Thomas comprendió que esto desde luego no era habitual, por lo que decidió tomar cartas en el asunto.

“¿Qué ocurre piloto?”

La verdad es que a estas alturas, lo que a Janek le gustaría estar haciendo es disfrutar de una buena ducha caliente, y no pilotar su Hopper de transporte en medio de una tormenta. No, desde luego que no es lo que entendía por un “vuelo rutinario”, para que encima tener que discutir con un controlador de vuelo que seguramente no ha dormido, y por eso se dedica a joder la vida de los demás. ¡Y menos para llevar a un tomafotos y a su escolta al avispero de Basal!

“Lo siento, mi sargento, pero la torre de control de Basal nos deniega el permiso de aterrizaje. Ya les he comunicado que se encuentra a bordo la tomafotos, pero ni aún así”.

“¿Sucede algo?” preguntó la fotógrafa militar desde el fondo de la cabina, aunque Anna ya se estaba acostumbrando a que la llamasen “tomafotos”.

“¿Cuales son las alternativas?” volvió a intervenir Thomas.

“Pues ninguna muy viable señor, tenemos poco combustible, y con esta tormenta es muy peligroso dar un rodeo hasta alcanzar otra pista de aterrizaje idónea”

“Piloto, deme línea hasta la torre de control”

“Oui, señor”

La radio crepitó un instante antes de que se encendiera el piloto luminoso que indicaba que se había establecido comunicación segura con la torre.

“Aquí el sargento de la policía militar de la tercera brigada de la MILICIA Thomas Ushur, en misión de escolta de la fotógrafa militar Anna Yamazaki, deseamos tomar tierra en su base. NECESITAMOS tomar tierra, no nos queda demasiado combustible, repito, no nos queda demasiado combustible.”

Tras unos breves instantes de silencio, donde lo único que se escuchaba era el rugir de la tormenta, la radio rompió la tensa calma que se respiraba en la estrecha cabina del Hopper.

“Aquí la torre de control, su solicitud ha sido denegada, repito, su solicitud ha sido DENEGADA”

“Merde” exclamó el copiloto, aunque bien lo pudo haber dicho cualquiera de los presentes.

“Aquí el sargento de la policía militar de la tercera brigada de la MILICIA Thomas Ushur, en misión de escolta, solicito que se me ponga en contacto con el oficial al mando de la base”.

“Aquí la torre de control, lo siento, no se puede realizar su solicitud, repito, no se… …”

Esto sí que era lo que faltaba a Thomas para perder los estribos, ya tenían suficientes problemas con la tormenta, y encima tenían que lidiar con un jodido chupatintas. Y todo por llevar a una tomafotos chiflada que deseaba volver a Basal. Como si no hubiese tenido suficiente con la última semana, con todos esos cabrones francotiradores. Dios, como deseaba estar de vuelta en el Mekong, persiguiendo desertores, estos al menos no se empeñan en asomar la cabeza pidiendo a gritos que revienten los sesos por tomar una puñetera fotografías.

Así que tras esperar unos minutos, para así calmarse un poco (aunque no le sirvió de mucho), volvió coger el micrófono. “Aquí el sargento Tomas Ushur, le ordeno que me ponga en contacto inmediatamente con el oficial de rango superior que se encuentre de guardia”

Nerviosismo, eso era lo que desde hacía rato que a Janek le parecía raro. El nerviosismo en la voz del controlador del vuelo, y que esta vez pudieron apreciar todos.

“Aquí la torre de control de Basal –dos-cinco, ¡no puedo ponerle con el oficial de guardia porque este ha reventado junto con todo el centro de mando……!”

Tras la sorpresa inicial, y viendo la indecisión de todos los presentes, Anna decidió que ya era hora de hacer pesar su edad.

“Piloto, póngame inmediatamente con el centro de mando regional, si necesitamos aterrizar, no pienso perder el tiempo discutiendo con un burócrata pisamierdas asustado porque le falta su mamaíta sargento”.

“Oui, señora, al instante” afirmó el piloto mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro.

Anuncios