La Sombra del Rey Demonio, recientemente editado por Summum Creator, nos lleva a un nuevo mundo de fantasía, amenazado por una entidad interdimensional, y que lo está abocando lentamente al caos. El entorno de juego se podría decir que es medieval o renacentista, con diversas innovaciones que lo acercan a periodos históricos reales. No obstante, la tecnología, al igual que el mundo no está muy definida, dando mucho margen a los directores de juego. Yo, en mi caso, he querido “adelantar” aún mas la civilización, llevándolo a un nivel preindustrial, con tintes más góticos (con referencias cómo Masque of the Red Death, Iron Kingdoms, Innistrad, La estación de la calle Perdido, Solomon Kane, El pacto de los lobos o Bloodborne)

Mi idea es no modificar mucho el manual a nivel de reglas, ya que creo que es innecesario. En general mi idea es que los cambios sean principalmente estéticos. En esta entrada comenzaré con el de tecnología, que creo que ayuda a definir el resto. A medida que vaya avanzando con la “actualización”, publicaré más entradas.

El siguiente texto sustituye al apartado de Ciencia y Tecnología (página 150) del manual básico.


Ciencia y Tecnología

A lo largo de la historia, la humanidad ha realizado grandes progresos en ciencia y tecnología, como el descubrimiento de la pólvora, los mecanismos engranados y las tecnologías de vapor.

Las grandes metrópolis imperiales y las Nueve Ciudades son los focos de la civilización, pero a medida que uno se aleja de las urbes, el territorio se vuelve más primitivo, menos avanzado tecnológicamente, cómo si retrocedieras en el tiempo.

Las grandes ciudades se iluminan con gas de alumbrado. Este gas procede de la destilación de la hulla, y se almacena en grandes edificios de ladrillo (en ocasiones se destila en sus sótanos). En la capital imperial, Caeras, varias calles importantes y palacios estaban iluminados con lámparas mágicas creadas en la La Torre Arcana, aunque desde la desintegración política del imperio, se desconoce si aún siguen existiendo.

Gasometros
Gasómetros de Caeras

Los pueblos y villas tienen que conformarse con antorchas, si es que se molestan en iluminar los espacios públicos.

Si bien aún caras y exóticas, las pistolas y los rifles son cada vez más comunes. No obstante, les queda mucho camino por andar antes de que consigan desplazar a armas más tradicionales cómo los arcos y las ballestas, abundantes en las regiones rurales, y que no son tan dependientes del comercio, muy paralizado desde la caída del imperio.

El transporte depende aún de la tracción animal, caballos y carretas son la estampa habitual. En las metrópolis hay transportes colectivos, omnibuses y carruajes tirados por caballos. Por mar la vela es la tónica, aunque hay galeras y galeazas para trayectos costeros. En las grandes Nueve Ciudades del este, naves voladoras (globos y dirigibles) empiezan a poblar los cielos.

Troley

Uno de los más grandes avances es el descubrimiento de la tecnología del vapor, que aún está en sus inicios. Gigantescos motores alimentaban las fábricas y fundiciones imperiales, así cómo la gran imprenta de Caeras, que producía libros y panfletos en serie, pero se desconoce que habrá sido de ellos. En estos grandes centros de producción, los autómatas de engranajes trabajan junto a los obreros en tareas de fabricación y construcción. Las Nueve Ciudades no tienen aún grandes fábricas, pero se espera que se erijan más cada año, sobre todo si siguen llegando trabajadores cualificados huyendo del caos en el imperio.

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